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Editorial – 2026: convertir el potencial exportador en una agenda país

El cierre de 2025 deja una lectura clara para el sector exportador ecuatoriano. En un entorno internacional más exigente, con mercados altamente competitivos y márgenes cada vez más estrechos, las exportaciones volvieron a sostener empleo, inversión y presencia del país en el exterior. Las exportaciones no petroleras cerraron el año con crecimiento frente a 2024 y representaron nuevamente una porción determinante del ingreso de divisas, confirmando su rol estructural dentro de la economía ecuatoriana.

Ese resultado merece reconocimiento, pero también exige una reflexión más profunda. Los avances alcanzados responden, en gran medida, al esfuerzo de los sectores productivos, a decisiones empresariales que asumen riesgos, invierten y se adaptan, muchas veces operando en condiciones que no siempre favorecen la competitividad. Esta realidad no es nueva ni puede atribuirse a un gobierno en particular. Es la consecuencia de una agenda estructural que el país debió construir hace años y que sigue pendiente.

Desde CORDEX, planteamos este mensaje con un sentido de urgencia y responsabilidad. El Ecuador no puede seguir postergando decisiones ampliamente identificadas y largamente discutidas: seguridad, simplificación de trámites, marcos regulatorios claros y predecibles, infraestructura logística y portuaria eficiente, costos operativos alineados con nuestros competidores y un debate laboral abordado con visión técnica y de largo plazo. La ausencia de estos elementos no impide exportar, pero sí limita el crecimiento, reduce márgenes y frena la capacidad de atraer nueva inversión.

Sectores como el camaronero, bananero, pesquero, cacaotero, entre otros, han demostrado que es posible crecer, diversificar mercados y cumplir estándares internacionales de alto nivel incluso en contextos complejos. Ese desempeño conjunto no debe interpretarse como una suma de casos aislados, sino como una señal clara del potencial exportador del Ecuador cuando la productividad y la competitividad se convierten en prioridades. Sin embargo, incluso estos avances encuentran límites cuando el entorno general no acompaña con la misma velocidad ni con políticas que faciliten producir y exportar mejor.

El inicio de 2026 abre una oportunidad que no debería desaprovecharse. No se trata de revisar responsabilidades pasadas, sino de asumir, desde ahora, la construcción de condiciones que el país viene postergando. El Ecuador no puede perder más tiempo. Una plataforma exportadora sólida, diversificada y competitiva es indispensable para sostener el crecimiento económico, generar empleo de calidad y fortalecer la presencia del país en los mercados internacionales.

Este primer editorial de 2026 es, ante todo, una invitación a mirar hacia adelante. Convertir el potencial exportador del Ecuador en una agenda país no es una consigna, es una necesidad. Hacerlo de manera sostenida y coordinada marcará la diferencia entre avanzar o quedar rezagados en un comercio internacional cada vez más exigente.

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